jueves, 3 de abril de 2014

Cinco palabras


Hojeando un cuaderno viejo, mirando entre sus letras y su tinta, vi cinco palabras que hace muchos años -al parecer- llamaron mi atención. 
Unidas transforman un pasaje en una idea, una historia en un relato, un momento en una eternidad. Admito que tal vez son palabras que a mí me (re)significan tantas cosas como ideas (que se) desprenden, pero así mismo son hermosas e infinitas.
Las palabras tienen eso que hacen pensar o creer que explican todo, cuando en realidad sobre la nada es de lo que hablan. La belleza suele residir en las palabras, en sus letras y en sus usos pero fundamentalmente en el sentido. Por eso lo hermoso, la completitud y lo esplendoroso de un concepto, de una palabra está en ese sentido que le otorgamos haciendo tal vez de algo tan simple y complejo, un momento que brilla en los recuerdos y en el sentido imperecedero que le damos en nuestra subjetividad.
Cinco palabras escritas en un papel viejo, con tinta azul, con letra joven, con oraciones largas, con explicaciones cortas, extraviado en la multitud. Cinco palabras, que sin querer dan sentido a mi ser y a mi determinada subjetividad una vuelta eterna, una vuelta completa. Cinco palabras que relatan diferentes escenarios pero un solo lugar: una hoja en un cuaderno viejo, de escuela, de historias pasajeras.
Cinco palabras: absurdo, absoluto, relativismo, indubitable, creer.


Un punto en la curva

En la historia que relato en mi cabeza hay un momento donde las puntas se doblan y hacen del sentimiento una reflexión profunda y sentida.

Suelo pensar que las satisfacciones de los pequeños sucesos de la vida cotidiana (y no) hacen que el instante circunstancial sea mas que eso.

Buenas noches.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El instante que te hace mirar

Eso que ves por ahí es lo que dice el título: un instante.

lunes, 3 de junio de 2013

Te ata, te sube, te suelta y te amarra



A veces sucede en la mente de una persona que todo se derrumba y entra a pasar una gran filmina muy rápido, tan rápido que parece que aprendes de tu propia vida lo que no podes aprender de muchos libros e historias que te contaron.

Ese instante eterno siempre te hace sentir soledad, esa dura y cruel soledad, que hiela tu nuca, te hace apretar los dientes, te da un golpecito en el corazón y te hace torcer la boca y caer una lagrima… tras esa lagrima, muchas y muchas más.

Tal vez yo vivo a la sensación de estar sola de esa manera, y tal vez, esta es mi manera de llorar, pero así se entra en mis poros ese sentimiento. La vida no es tan cruel pero por lo menos la sensación de vivirla tan apasionadamente si lo es.

¿Te sentís sola Emilia? –Constantemente.  Pero cuando más crees que tu mundo se derrumba, y vos sabes que todo está para levantarse, más ganas te dan de llorar. Ahí yo respiro hondo y le cuento a todos los que quieran escuchar, lo mal que estoy, ahí aparecen ciertos seres de mi alma.

Son de mi alma, y de ninguna alma más. Estos seres hacen que mis lágrimas valgan la pena, aunque la angustia persiste, se apacigua, se tranquiliza. Ella sabe como yo que la angustia no es eterna, pero se deja sentir como tal.


En estos momentos donde todo parece una cruel realidad, mi corazón me dice: “Emilia, mira  lejos y verás que no solo sos una máquina de dios sino también de vos misma, sé una maquina pero date cuenta de quién es la culpa de serlo.” Esa persona culpable se llama igual que yo.

miércoles, 13 de febrero de 2013

...

También me llamo Cinco y no me gustan los impares.
Claramente estoy envuelta en contradicciones.
Soy contradictoria.
Hoy es un día contradictorio.